Frente a un folio en blanco

Todo se pierde, hasta la vergüenza con los años. Y digo  que todo se pierde, porque me encuentro ante una pantalla llena de letras, que para nada se parece a la soledad de quien escribe frente a un folio en blanco. Esa sensación se está peridiendo, poner la hoja en la máquina o yendo más allá y a pesar del color blanco del papel, entras en un cuarto oscuro en el que buscas la luz en forma de historia.

Me hubiera gustado que la informática tuviera algo de romántico a la hora de escribir, claro que quizás lo tenga y no me haya dado cuenta,porque mi trabajo hace que la escritura se vuelva absolutamente mecánica y pocas veces da lugar a que la imaginación ceda ante la realidad.

Hubiera estado bien saber como es la ceguera que precede a la luz de quien es capaz de escribir y embrujar a su lector, desde la luz de un quinqué o el sonido de una Olivetti.Saber del olor de la tinta que moja la pluma y del paquete atado que formaban las novelas, que todo estuviera menos mediatizado y que todo fuera más artesanal.

Pero eso, al paso que vamos será leyenda, seguramente tanta como cuando vuelva a leer este post dentro de 10 años. Y es que las ciencias avanzan que es una barbaridad… decía la Zarzuela, ¿NO?.

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